Tortolitos

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Como el aire, como el mar soy libre – Dijo él

Ya lo creo que eres libre, entras y sales cuando y donde quieres,  tu cuerpo es  libre pero tu corazón… Contestó la bella paloma de color blanco.

Cierto es… -Dijo el gorrión de color azulón.

¿Y tú? Palomita, ¿Cuál es tu situación? Preguntó el pequeño gorrión.

Pues… ya me ves aquí metida en una jaula de oro, con un ala herida, y pocas esperanzas de poder volar ­–respondió con mucho desparpajo Clara.

Y volvió a decir… Libre, lo que se dice libre, no soy.

Así que Pelayo el gorrión  salió al patio cogió una rama con su pico, y  transportándola hasta la jaula, allí intentaron los dos abrir la puerta de esa dichosa jaula de oro.

Tras varios intentos de mucho esfuerzo, fue en vano, no se pudo abrir.

– ¡ Vaya que pena no desesperes mañana lo volveremos a intentar! –Dijo Pelayo.

Sería buena idea, aunque estoy acostumbrada a estar aquí, y el día que pueda salir será para mí… -respondió la paloma Clara.

Imagina ambos libres, sería…  -Dijo Pelayo.

Clara ruborizada, y algo  nerviosa  –Dijo, sería mi sueño hecho realidad.

Aunque complicado se puede cumplir  Clara –respondió Pelayo.

Pero también quiero que sepas, que cuando eso ocurra quizá yo tenga compañera de vuelo, y las  cosas cambien entre nosotros,-Dijo Pelayo con voz temblorosa.

Sé que puede pasar, ya lo había pensado, porque pienso mucho en ti, con lágrimas en sus ojos –Dijo la bella paloma.

Yo también pienso en ti, mi bella paloma, abriendo sus hermosas alas se dispuso a volar, pero antes acabó diciéndole… mañana volveré a estar de nuevo aquí, y juntos otra vez lo volveremos a intentar.

“Y colorín colorado, este cuento se ha acabado”

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