Abrelata

Cuando mi prima Florita estaba tranquila, serena y relajada, sus ojos miraban sus manos empezando por  su palma izquierda, el dedo de la mano derecha la tocaba y recorría sus líneas  en ella se podía ver unas más largas otras más cortas incluso algún callo que otro, y una pequeña cicatriz debajo del dedo índice. Esa corte le hacía ver en su mente vagos recuerdos de su infancia.  Aunque ese si lo pudo distinguir con claridad. Una lata de atún fue lo primero que le vino a la mente una tienda pequeña, muy limpia y con pepitos de chocolate dentro de una caja encima de la estantería a la derecha de la puerta de la entrada. Entró una gitana y se oyó una voz que decía…despachar ¿? ¿Quién hay? Debajo del mostrador salió mi prima Florita, apenas se le veía la cabeza, de lo chica que era, no por su baja estatura, si no por su corta edad. Le dijo hola que ¿quiere? La gitana dijo… cuarto y mitad de escabeche ella ni corta ni perezosa cogió el abrelatas manual  y en escasos  tres segundos su dedo estaba sangrando.

 

 

 

 

 

 

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4 comentarios en “Abrelata

  1. De cómo nos “marcan los recuerdos”, je je. Muy bonito Yolanda.
    Ey, siembra alguna “coma” de vez en cuando que algún día igual te encuentras a alguien ahogado sobre uno de tus relatos, je je.
    Pasito a pasito.
    Un abrazo.

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